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Autodenunciado por ofenderse con un chiste sobre sí mismo

Así, para dar libertad de expresión a los ciudadanos de un país en cuya prensa de 2017 apareció la frase “durante el franquismo solo se fusilaron 23.000 personas”, se rescataron todos los chistes de Jaimito de 1950 a 1970, salvo los denominados chistes “verdes”
    • Quasi Libre
    • |
    • 11 de abril de 2017

    Año 2021, tras la segunda legislatura de la victoria, el Código Penal del país de las fosas sin abrir quedó atado y bien atado. Decían quienes entendían de quien lo ideó que debía ser alguien a quien gustaba usar camisas viejas y costumbres al modo del monje Jorge, del monasterio de Melk.

    Jorge era ciego de ojos y de espíritu, cegado por la superstición y el temor a que la gente perdiese el miedo a través de la risa. Se le cegaron las emociones humanas y quería que nadie riese, por eso envenenó las páginas de un libro de Aristóteles, para que quien osase leerlo y reír, muriese.

    Jorge exclamó iracundo:

    “Lo envenené porque era del filósofo. Cada libro escrito por ese hombre ha destruido una parte del saber que la cristiandad había acumulado a lo largo de los siglos (…). La risa es la debilidad, la corrupción, la insipidez de nuestra carne. Es la distracción del campesino, la licencia del borracho, amparo de los simples. (…) aquí se invierte la función de la risa, se la eleva a arte, se le abren las puertas de los doctos, se la convierte en objeto de filosofía (…). Pero este libro podría enseñar que liberarse del miedo al diablo es un acto de sabiduría. Cuando se ríe (…), el aldeano se siente amo, porque ha invertido las relaciones de dominación; pero este libro podría enseñar a los doctos los artificios ingeniosos, y a partir de entonces ilustres, con los que legitimar esa inversión. (…) La risa distrae, por algunos instantes, al aldeano del miedo, pero la ley se impone a través del miedo, cuyo verdadero nombre es temor de Dios. (…) y la risa sería el nuevo arte (…) capaz de aniquilar el miedo” (fuente: El nombre de la rosa; Umberto Eco).

    Así, temerosos de que los ciudadanos perdiesen el miedo y pudieran invertir la ley, fue como se dejó escrito que quien cumpliendo el precepto de sabiduría y salud de reírse de sí mismo, debía denunciarse por ofenderse a sí mismo. Así, para dar libertad de expresión a los ciudadanos de un país en cuya prensa de 2017 apareció la frase “durante el franquismo solo se fusilaron 23.000 personas”, se rescataron todos los chistes de Jaimito de 1950 a 1970, salvo los denominados chistes “verdes”, y así pudieron ejercer la libertad de expresión y el humor como Dios manda. Todo esto ocurrió en 2021, cuando ya ponían multas por hacer chistes de los fusilados del 2 de mayo.

    Ficción basada en hechos reales ocurridos en el S. XX y XXI en diferentes países del mundo, incluyendo los países donde algún periodista dijo que “si tuviera un arma, mataría a ciertos individuos”, pero eso, era libertad de expresión, porque no era un chiste.



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