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Colmenar y Rayo Vallecano “B”, un partido de poder a poder

En una mañana gélida, los dos equipos regalaron emoción y rachas de buen juego a los asistentes al último partido de 2017 en el Estadio Alberto Ruiz que finalizó en empate
    • Comunicación ADCV
    • |
    • 5 de diciembre de 2017

    Cuando una persona se incorpora por primera vez a la AD Colmenar Viejo, no suelen pasar más de cinco minutos para que alguien de su círculo, especialmente poco vinculado al fútbol local, le pregunte por cómo es el traje del equipo a la hora de competir cada domingo. Y en ese momento, en el 90 % de los casos, alguno de los interlocutores pronuncia la frase “ah, como el del Rayo” en alusión precisamente a nuestro rival de esta semana. El Rayo Vallecano es, por historia y derecho ganado a pulso, uno de los grandes clubes del fútbol español y necesita poca presentación, pero sí cierto grado de presentación de nuestros respetos. Cualquier persona que desee conocer cuál ha sido la realidad del fútbol español en los últimos cuarenta años (por poner una cantidad que se queda corta), con sus vicios y sus virtudes, con sus alegrías y sus penas, con sus saludes y enfermedades, no debería saltarse el capítulo dedicado al conjunto vallecano  Y en ese punto, el papel de su masa social, de su hinchada, se antoja no solo fundamental sino imprescindible. Si como muestra vale un botón, ayer hasta tres medios de comunicación concebidos por y para rayistas se desplazaron al coliseo colmenareño para dar cuenta de lo acaecido sobre el verde. Vayan desde aquí nuestro reconocimiento por tanto no solo al club, que también desplazó a sus medios oficiales y a las pocas horas ya había ofrecido un video resumen en sus redes sociales, sino a una afición capaz de generar sus propios medios.

    Empezado el partido, pronto ambos conjuntos empezaron a olvidarse del imperante frío que campaba a sus anchas por el coliseo colmenareño. Los primeros minutos permitieron comprobar  como ambos oponentes, deseaban hacerse con la propiedad del balón como medio garante de ocasiones de gol. Pero al tiempo, como si se tratara de un espejo de dos caras, ambas escuadras mostraban dificultades a la hora del trabajo defensivo. Con estos ingredientes, el centrocampismo empezó a dar paso a un riego por goteo con ocasiones en ambas áreas, en las que los guardametas comenzaron a agrandar su figura con el paso de los minutos anticipando lo que pasaría después.  En lo que respecta a la medular, comandado por un espectacular Jean Jules, el Rayo realizaba circulaciones marca de la casa, sin prisa, sin pausa pero con conocimiento de causa, haciendo un uso del espacio de juego virtuoso. Por su parte, el Colmenar poco a poco lograba circular periodos menos prolongados pero con cierto aroma a pólvora con especial peligro, y las conexiones comenzaron a traducirse en uys. Primero, con una buena acción combinada que acabó con Hassan entrando hasta la cocina del área rayista para asistir a Sergi cuyo remate fue repelido, y especialmente, en la oportunidad más clara de este primer acto para los colmenareños, un remate servido por el propio Sergi desde el costado izquierdo al corazón del área que fue rematado por Huertas, repelido por el defensa y aplaudido por una afición local que cada vez le hace más ojitos al 22 en cuanto forma parte del once. Argumentos no faltan para ello.

    El conjunto de Luis Cembranos aceptaba el envite de los pupilos de Pedro Pablo Díaz, y también ponía la carne ofensiva sobre el asador, acechando con peligro la meta defendida por Sebas, quien a lo largo de todo el encuentro, una vez pasado el ciclón de los -bien ganados- quince minutos de fama demostró que de la expresión “portero-goleador” lo primero es el solomillo y lo segundo la guarnición, como dijo Lillo su en día. De hecho, incluso en el gol que rompió las tablas iniciales, el guardameta serrano tocó el lanzamiento del punta rayista, con la parte posterior, pero el balón acabó alojándose en las mallas. El Colmenar tardó algo en reponerse del golpe y se vivieron buenos momentos del conjunto visitante con ese 0-1 sobre el marcador del Alberto Ruiz. Finalmente se taponó la hemorragia e incluso el Colmenar dispuso de una nueva ocasión por la vía del balón parado, pero el balón salió alejado de la meta visitante.

    El descanso trajo consigo a un Colmenar que por encima de retoques tácticos, subió varias marchas su rendimiento defensivo. No solo de sus jugadores de retaguardia sino por parte de todos sus efectivos, lo que unido al buen trabajo ofensivo del primer acto, pronto comenzó a dejar dividendos sobre el campo. Al fenomenal trabajo agrupando al equipo iniciado por la línea trasera, en esta ocasión integrada por Víctor, Edu, Ivo y el ya mencionado Huertas, se le unía el coser sin cantar de Castillo, oh capitán mi capitán David Nevado y un José  Manuel que comenzaba a multiplicarse como en las grandes ocasiones, con Anto, Sergi y Hassan como opciones más adelantadas. Comenzó a emerger la colosal figura de Anto sobre el césped, clave tanto en la parte definitoria como en las virtudes menos vistosas de los delanteros, que no por ello son menos relevantes. Y lo hizo primero para poner el empate en el marcador, cuando un robo de Jose Manuel en la medular pasó por el acelerador de partículas modelo Sergio Hernández #14 de donde salió convertida en asistencia para Anto, quien remató de primeras y topó con el portero visitante. Pero como la verdad está en los detalles, supo recoger su propio rechace para convertirlo en el tanto del empate local. Colmenar, equipo y grada, no solo estaba en el partido, puesto que nunca había dejado de estarlo, sino que estaba jugando el partido que su entrenador tenía en mente desde hacía varios días, el partido que te pone en disposición de conseguir los objetivos marcados, el partido que se juega cada semana, troceado, lunes, martes, jueves y viernes. Cualquier entrenador del mundo, cualquiera, sabe lo inmensamente grande que es esa sensación de ver a los tuyos hacer lo planificado entre semana y que esto se traduzca en que el equipo esté jugando el partido que quería jugar. Esa alegría, ese orgullo, es tan intenso como jodido, con perdón, es el momento en el que con el transcurrir de los minutos, ves que no se desarrolla sobre el césped lo trabajado. Con este vaivén de emociones, pueden empezar a explicarse el prematuro envejecimiento de los entrenadores, las canas, las arrugas y demás.

    No deja de ser ese realmente uno de los mayores baremos respecto al buen trabajo que desempeña un entrenador, y su equipo, se llame como se llame y juegue donde juegue, convenza a uno para su causa o convenza a varios millones. El hecho a tener en cuenta es que el partido que se vea sea el que le conviene a sus intereses. Y el hecho sobre el Alberto Ruiz fue que llegó la siguiente vuelta de tuerca, instantes después, Vivi- que había sustituido a un esforzado Hassan en el único cambio colmenareño del partido-  se hizo con el esférico en zona de tres cuartos, percibió el olor a queroseno y divisó el vuelo rasante de Anto hacia la espalda de su marca. El balón de la bota del 7 salió del punto A hacia el punto G con la velocidad, trayectoria y efecto precisos, y una vez allí, el 21 firmaba su segundo tanto de la mañana y desataba la alegría en el estadio colmenareño. Pero al partido le quedaban por vivir muchos sobresaltos, y el siguiente no se hizo esperar. Apenas dos minutos después, un balón en largo fue controlado por el punta rayista, en el corazón del área colmenareña, donde desenfundó y pudo superar toda oposición hasta poner de nuevo el empate en el marcador. El partido ya se había convertido en un toma y daca, una suerte de canto al fútbol ofensivo pero alejado del correcalles y a la importancia de los guardametas en partidos al filo de la navaja. Ambos guardametas resultaron definitivos para que se sellara el reparto de puntos especialmente en el tiempo de descuento. Primero, Sebas volvió a repeler un espectacular remate desde dentro del área que llevaba márchamo de gol y casillero vacío, y apenas un minuto después, llegaría la baza colmenareña, cuando Jose Manuel recibió un balón desde el costado contrario, controló mientras se internaba en el área, superó a dos defensas y logró conectar el remate con la última gota que le restaba en el depósito, pero el balón fue repelido por una sensacional mano del portero visitante Lucho. El córner siguiente no tuvo mayores consecuencias y finalmente, tras los tres pitidos del colegiado del encuentro ambas franjas firmaban un empate que, probablemente con razón en ambos casos, supo a premio escaso.

    El público no dudó en aplaudir el esfuerzo de ambos conjuntos. Un público que nos ha acompañado a lo largo de un 2017 que nos ha regalado momentos inolvidables sobre el Alberto Ruiz. Y que para alegría de todos, cada vez se va rejuveneciendo a mayor o menor ritmo. A veces el mayor triunfo es tener una masa social que apoya a su equipo independientemente de sus circunstancias, de sus estrellas, o de la categoría en que compite, como ha mostrado la propia afición del Rayo Vallecano en tantas ocasiones. O como lo hacen esos niños de nuestra escuela que viven con ilusión un partido del primer equipo de su club, y que nos llenan de fuerza cada vez que les escuchamos desde abajo.

    A todos los que nos acompañaron tanto en los momentos bonitos e históricos como en los menos bonitos de este 2017 en nuestro estadio, pero especialmente a esos niños que apoyan a su Colmenar vaya como vaya en la tabla, juegue en la categoría que juegue, un enorme GRACIAS desde el vestuario número 1 del Alberto Ruiz.

    Jugaron: Sebas, Huertas, Víctor, Ivo, Edu, Castillo, Nevado, Jose Manuel, Sergi, Hassan (Vivi) y Anto.



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