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La cama, sólo para dormir

La psicóloga Elena D. Manrique analiza los riesgos y algunas posibles sencillas soluciones de la falta de sueño, que afecta a casi un tercio de la población
    • Elena D. Manrique
    • |
    • 4 de noviembre de 2014

    No dormir el tiempo necesario, o no tener un sueño de calidad produce irritabilidad, pérdida de memoria y, por supuesto, cansancio y somnolencia durante las horas de vigilia. Todos conocemos la importancia de un buen sueño reparador, pero a veces resulta complicado conciliarlo. Existen distintos tipos de patologías del sueño, las parasomnias son las alteraciones que sufrimos mientras dormimos, como el sonambulismo o los terrores nocturnos, y las disomnias son las perturbaciones en el ciclo del sueño. Dentro de estas últimas, las hay tan nocivas por exceso (la famosa narcolepsia), como por defecto. Pues bien, por defecto la más corriente es el insomnio primario. Una tercera parte de la población declara tener sus síntomas.

    La cantidad de problemas a los que nos enfrentamos no nos dejan pegar ojo, pero, ¿cuándo debemos preocuparnos?,  ¿cuándo nos encontramos ante un trastorno del sueño?  La principal alarma es la dificultad para conciliar o mantener el sueño, o en ocasiones dormir y aun así no sentirse descansados, durante un período mínimo de un mes. Además produce deterioro en la salud del paciente y en su vida laboral y social. Es importante cerciorarse de que esta dificultad no aparece como consecuencia de otro trastorno como puede ser la depresión, o la ansiedad y, por supuesto, que no sea el resultado del consumo de cualquier tipo de sustancia. Otros trastornos que hay que descartar son aquellos relacionados con problemas respiratorios como la apnea del sueño o la hipoventilación.  El número de horas que se duermen no es una medida para el insomnio, cada individuo necesita un tiempo específico.

    Esta patología no recibe la importancia que se merece, ya que puede llegar a cronificarse y puede ser mortal.

    Los tratamientos más frecuentes son fármacos prescritos, con la desventaja de que son muy adictivos y propensos al efecto rebote. Por tanto, su consumo continuado durante más de cuatro semanas no es recomendable. Sin embargo, existen otros métodos para tener dulces sueños. Las  técnicas de relajación, por ejemplo, son muy efectivas, ya que alejan la tensión que nos impide dormir, y también la que nos produce el mismo hecho de no poder dormir con normalidad. El control de estímulos también nos puede ayudar; debemos asociar la cama con la acción de dormir, así que no debemos utilizarla para ver la televisión, trabajar, estudiar o cualquier otra actividad que no sea placentera y relajante.

    Las noches eternas dando vueltas en la cama y contando ovejitas con los ojos como un búho tienen solución, una buena higiene del sueño nos ayudará a dormir más y mejor.



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