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Microensayo: Filosofía del (mal) trato en las residencias. III

Vergonzosamente en los hospitales no hay protocolos para acudir a los juzgados o al policía cuando un anciano llega desde una residencia con síntomas y signos de mala praxis o abandono
    • Familiar Afectado
    • |
    • 2 de octubre de 2017

    La importancia de lo que ocurre reside en la “violencia dosificada y secreta”.

    El paralelismo que asusta y a lo mejor no queremos mirarle a los ojos, es que en Dachau, Sobibór, Birkenau, Treblinka o el Gulag, quien no era aniquilado explícitamente, se moría “por si solo” debido a las condiciones, y por tanto al morirse “por si solo”, suicidándose (como los ancianos que se tiran por las ventanas de las residencias, sin que nadie quiera averiguar que ocurría antes de decidir suicidarse), o de calor, o de frío, o de hambre o abandonándose, nada de esto hacía sentir a los gestores de los campos de concentración culpa, pues ellos no les habían matado.

    Al igual que las dosis legales de pesticidas provocan cáncer o enfermedades degenerativas (según no pocas investigaciones convenientemente acalladas), matan a largo plazo por acumulación; “violencia dosificada y secreta”. Esto exime al legislador que dispuso las dosis legales con el asesoramiento de químicos, fabricantes e incluso médicos, exime a todos ellos de todas las culpas, por no poder o no querer asociar la muerte a las dosis legales.

    Este paralelismo es lo que ocurre con muchos residentes, y esta es otra tragedia. No olvidemos: “violencia dosificada y secreta”.

    Otro trágico paralelismo tiene que ver con el cada vez menor ejercicio hipocrático de la medicina en los hospitales, públicos y privados.

    En los partes médicos de los fusilados durante el terror fascista español (1939 y posterior), se ponía  “parada cardiorrespiratoria”.

    Trágico paralelismo cuando en los hospitales públicos tenemos que escuchar a médicos diciendo la odiosa y odiada frase: “es que es muy mayor, ¿qué quieres?”.

    ¿Qué queremos? Vergonzosamente en los hospitales no hay protocolos para acudir a los juzgados o al policía cuando un anciano llega desde una residencia con síntomas y signos de mala praxis o abandono (otro paralelismo de protección recíproca que practicaban los verdugos), como infecciones de determinadas bacterias en los genitales que se sabe solo causa la mala higiene, desnutrición, hematomas por golpes, neumonías graves por falta de diagnósticos certeros y a tiempo, depresiones y otras enfermedades asociadas a las deportaciones (otro paralelismo, alejar al residente de familiares, amigos y lugar de residencia, sin importar las consecuencias de todo tipo, para residente  y familiares).

    Nadie investiga todo lo dicho ni lo que ahora planteo en forma de preguntas.

    ¿Cuántas medicinas dadas por error o descontrol?, ¿cuántas comidas no tomadas?, ¿cuántos pañales sucios sin cambiar durante horas un día tras otro?, ¿cuántos meses sin respirar aire fresco o darles el sol?. Acumulan mala praxis en dosis y secretamente.

    Seguramente muchos lectores piensen que es exagerado comparar los genocidios nazis con la situación en las residencias, pero no pretendo esa comparación, ya dije que eran extremos para entender mejor. No se trata de comparar porque no son tan burdos de hacer las cosas de forma que una imagen nos lleve a otra comparable en un parpadeo, se trata de resaltar los paralelismos, porque es difícil no encontrarlos. Hay paralelismos porque hay historiadores, filósofos e investigadores que vienen a decir algo así como que el mundo después de Auschwitz, heredó y practica muchos de los planteamientos filosóficos y morales que en ese momento eran modernos, modernos en el sentido de que no tenían precedentes, pero si existe, y esa es otra de las tragedias y la cuestión a plantear, un después heredado.

    “Somos herederos. Nuestra culpa es la de nuestros padres”, Ortega y Gasset.

    Lo que nos asusta es saber que gente culta es capaz de cometer o consentir las formas más brutales de violencia, pero también las más sutiles, y estas son las que nadie quiere mirar al microscopio, “la violencia dosificada y secreta”.

    Ahí reside uno de los peligros, en que no existen imágenes claras que podamos igualar comparativamente a hechos pasados, que marcaron la tragedia que hemos heredado, sino en dosificar para parecer educados, incapaces de hacer sufrir, que nos confiemos, que creamos inocentemente sus “yo cumplía órdenes”, “yo cumplía con la ley”, “los ratios se cumplen”. Un ratio es solo un valor estipulado  por alguien que no vive la realidad, que es ajeno al sufrimiento causado.

    Nos escandaliza un crimen explícito, pero cerramos los ojos ante lo que Gabriel García Márquez tituló “Crónica de una muerte anunciada”.

    Mientras, se sigue deportando ancianos, sabemos de bastantes casos de ancianos cuyas familias viven en Colmenar, Soto o Tres Cantos, enviados a Aranjuez, Navalcarnero, Brunete, Pinto, y viceversa, con los problemas económicos y de aislamiento que ello conlleva, pero además de darles igual a los gestores, empezamos a pensar que disfrutan haciéndolo, a la vista de que cada vez es peor este asunto. ¿Son psicópatas?



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    4 respuestas a Microensayo: Filosofía del (mal) trato en las residencias. III

    1. Maria Angelica dijo:

      EXELENTE !!! MUY DURO PERO ES LA REALIDAD QUE NO VEMOS O NO QUEREMOS…MUY BUEN TRABAJO PARA DESPERTAR CONCIENCIAS…PARA QUIEN LA TENGA..CLARO

    2. Martín dijo:

      Para el autor (Familiar Afectado). Lo primero. Gracias.
      ¿Podría yo hacer un pdf y un epub con sus tres artículos y publicarlo con el nombre que Ud. quiera. Sin ánimo de lucro. Por supuesto, solo para difundir. Tienen mi correo

    3. Lupo dijo:

      No se percatan que la evolución de la filosofía de cuidados no va parejo al nivel cultural de la población que los precisa. Antes las residencias eran el recurso de las personas sin los idem, mientras que ahora es el de los trabajadores (trabajadoras en general, que son las que tradicionalmente se quedaban en casa con la pata quebrada). Trabajadores/as y cultos/as. Lo que antes ni se veía y si se veía no se difundía, ahora se difunde… Tal cual lo que vemos

    4. María dijo:

      A veces no ni tan dosificado, ni tan secreto. Se van viniendo arriba a fuerza de no tener repercusión y de atemorizar de continuo a los familiares con represalias


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