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Verano e invierno en la Residencia de Mayores de Colmenar Viejo

José Luis, como otras personas que viven en la residencia, ha presentado reclamaciones a la Directora, Belén Martínez-Valero, a la Agencia Madrileña de Atención Social y a la Consejería de Servicios Sociales. En unos casos, no ha habido respuesta; en otros, una contestación deja claro que la administración y la dirección del centro cumplen formalmente la legalidad
    • Juan Rojo-Julio Cárabe
    • |
    • 21 de julio de 2017

    Son las 5 de la tarde. La habitación, en la 4ª planta de la residencia, da al oeste. El sol pega de lleno en la ventana. No hay persiana; sólo unas venecianas por dentro y una cortina. Las ventanas, de aluminio, correderas y los vidrios sin aislamiento. Uno tiene la sensación de estar en un coche cerrado estacionado al sol. Todo lo que José Luis, residente de 83 años, puede hacer para aguantar es tener permanentemente un ventilador funcionando a su lado. Quizás la temperatura sea más soportable en alguna de las zonas comunes, pero José Luis no puede andar y no tiene silla de ruedas. Puntualmente, puede pedir prestada una de las viejas sillas del centro por un rato, pero sólo para algún acontecimiento de carácter especial. El 80% de la pensión de todos los residentes se destina al pago de la residencia, sin embargo, el sistema de servicios sociales de la Comunidad de Madrid no contempla en su presupuesto (en ninguno de los presupuestos aprobados año tras año en la Asamblea de Madrid) proporcionar soluciones a los residentes con problemas de movilidad que con el 20% que les queda de su paga no tienen para comprarse una silla de ruedas.

    Cuando uno se encuentra en este horno, que en la madrugada no baja de 30ºC, le cuesta imaginar cuánto frío hace en este mismo sitio en las noches de invierno. La habitación tiene unas ostentosas grietas en las paredes y en el techo. El viento gélido de las noches de enero se cuela por las rendijas de las viejas ventanas como un cuchillo helado mientras los vidrios vibran constantemente con el viento. Es difícil dormir con tanto ruido y con tanto frío. ¿La calefacción?… apagada desde las 10 de la noche. Ya se sabe que es importante “hacer una gestión eficiente de los recursos públicos”. Al fin y al cabo, nadie se queja… o al menos, no consta que así sea.

    José Luis, como otras personas que viven en la residencia, ha presentado reclamaciones a la Directora, Belén Martínez-Valero, a la Agencia Madrileña de Atención Social y a la Consejería de Servicios Sociales. En unos casos, no ha habido respuesta; en otros, una contestación muy bien redactada en la que se aprecia un gran cuidado por dejar claro que la administración y la dirección del centro cumplen formalmente la legalidad y, por lo tanto, no son responsables de que personas tan vulnerables estén pasando calamidades, pero en la que la preocupación por aliviar esas calamidades brilla por su ausencia.

    Se podría pensar que ante tan dura situación y tan poca sensibilidad por parte de los responsables, cabría apelar a los mecanismos de gestión democrática que establece la legislación vigente. El artículo 4 del Reglamento de Organización de las Residencias de Ancianos Gestionadas Directamente por el Servicio Regional de Bienestar Social de la Consejería de Integración Social establece: “En cada centro existirá un Consejo de Residentes, elegido democráticamente, de carácter representativo y participativo, con funciones asesoras, consultivas y de propuesta.” El artículo 44 de esa misma norma establece: “Los órganos de participación y representación de las residencias de ancianos adscritas al servicio regional de Bienestar Social son la Asamblea General y el Consejo de Residentes”.  Según el artículo 45 de la misma norma, la Asamblea General debe reunirse de forma ordinaria al menos una vez al año y entre las funciones del Consejo de Residentes está la de velar por los derechos de los residentes…

    En la práctica, José Luis no puede hacer valer sus reclamaciones a través del Consejo de Residentes, que existe sólo sobre el papel. En cuanto a la Asamblea General, nadie, ni siquiera quienes viven en la residencia desde hace muchos años, recuerda que se haya reunido.

    Algunos familiares de residentes de Colmenar están intentando crear una asociación, AFARES COLMENAR, con objeto de soslayar estas tremendas carencias y disponer de una herramienta fundamental para articular la transparencia y democracia en la gestión que la normativa contempla. La directora se ha negado a autorizar la colocación en el centro de carteles de AFARES COLMENAR que invitan a familiares de residentes a enviar sus datos de contacto a una dirección de correo electrónico…

    AFARESColmenar@gmail.com

    ¿Qué motivos tiene la directora de la residencia para prohibir la colocación de estos carteles? Cada cual que saque sus conclusiones, pero es difícil creer que una actitud así provenga de una persona realmente preocupada por sus mayores y por las reivindicaciones de éstos. Si lo que persigue es no dar problemas a quien la mantiene en el cargo y ahorrarse dolores de cabeza, una asociación de familiares no es probablemente algo deseable para ella. Al fin y al cabo, cuando no se tiene dignidad profesional, los únicos problemas que hay que resolver son los que trascienden. Dar voz a los residentes a través de sus familiares es poco práctico para quien tiene asuntos más importantes en la cabeza que el bienestar de unos cuantos ancianos.

    La Sra. Martínez-Valero está, desde luego, acostumbrada a lidiar con el descontento de las personas que sufren su nefasta gestión. En marzo de 2015 el diario El Mundo publicaba una noticia titulada “Rebelión en la residencia pública Reina Sofía de Las Rozas”. El franco deterioro de los servicios en ese centro había llevado a residentes y familiares a denunciar abiertamente una lista de 14 deficiencias graves.

    http://www.elmundo.es/madrid/2015/03/25/5513270122601d745a8b4571.html

    La entonces directora de la residencia de Las Rozas, la misma Sra. Martínez-Valero, despachó el asunto con un escrito en el que todos los argumentos iban encaminados a intentar exonerarse de responsabilidad y nada sugería la más mínima voluntad de resolver ninguno de los problemas que habían causado el conflicto.

    En definitiva, el análisis de la situación en que se encuentran las personas mayores que viven en la residencia de Colmenar Viejo (que con toda probabilidad no es mejor que la que padecen quienes residen en otras residencias públicas de la Comunidad de Madrid) permite extraer dos conclusiones fundamentales:

    El Gobierno de Cristina Cifuentes no considera el bienestar de los mayores una prioridad presupuestaria y, por lo tanto, mantiene una política de recortes que se ceba con personas que se encuentran entre las más vulnerables de nuestra sociedad.

    La directora de la residencia de Colmenar no parece tener la menor intención ni de luchar por mejorar la situación de sus mayores ni por dejar que se desarrolle ninguno de los mecanismos de participación democrática previstos por la legalidad vigente.

    Animamos, pues, desde aquí a nuestros representantes en la Asamblea de Madrid a que promuevan los cambios legislativos que permitan una mejora sustancial de esta situación, a los familiares de residentes a que escriban a la dirección de correo electrónico de AFARES Colmenar para dar cuerpo a la asociación, y a la Consejería de Bienestar Social de la Comunidad de Madrid a que designe para la dirección de esta y otras residencias a personas con la suficiente valía profesional, talla humana y talante democrático como para que puedan desarrollar tan importante tarea dignamente.

     

    P.S.: En el momento de sacar a la luz este artículo, nos cuenta José Luis, conmovido, que el domingo 16 de julio por la noche una mujer residente en el centro se suicidó arrojándose desde una ventana de la 6ª planta del edificio. Hemos buscado referencia del suceso en Internet y no hemos encontrado nada por el momento. Sin embargo, otras dos residentes y una trabajadora nos han confirmado los hechos de forma independiente.

    Sabemos que de las seis plantas de la residencia sólo la tercera tiene ventanas anti-suicidio. Sabemos también que la mujer fallecida llevaba poco tiempo en la residencia y provenía de otra, pero no sabemos si se han aplicado en este caso los protocolos de integración que estipula el reglamento para superar el desarraigo que se deriva de los traslados de personas mayores que tienen una rutina establecida.

    El suceso nos deja hondamente preocupados y con muchas más preguntas, como cuántas veces ha sucedido algo así en los últimos años, en qué medida se aplican realmente los protocolos o qué influencia pueden tener factores como los recortes que aplica el Gobierno de la Comunidad de Madrid a personas tan vulnerables, o como la sistemática insensibilidad de la dirección ante sus quejas.



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    Una respuesta a Verano e invierno en la Residencia de Mayores de Colmenar Viejo

    1. Lupo dijo:

      Espero que a José Luis le vaya bien después de esta difusión, porque los casos que yo conozco (en otra comunidad) cuando se han atrevido a algo así no les ha ido demasiado bien. Véase el caso de la señora A. – en situación parecida a José Luis – que viviendo en una residencia pública, en pleno enero era obligada a usar unos camisones infames, finos como el papel y abiertos por detrás, como todos. Por supuesto, sobre el papel se pone que cada cual tiene derecho a ponerse su ropa. Como con ese camisón pasaba frío protestó. Al día siguiente de protestar la dejaron en la madrugada desnuda durante media hora en su silla de ruedas (enero, repito). Este año, cuando vinieron los Reyes Magos a visitar a los mayores, la “olvidaron” en la habitación. Murió al poco tiempo, aunque yo creo que se dejó morir porque a saber la situación que estaba viviendo por defender su dignidad y bienestar


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